Hazel nunca imaginó lo que podría causar robar un consolador del centro comercial. La joven estudiante, cansada de que la molestaran por ser la consentida perfeccionista de su clase, decidió tomar el asunto en sus propias manos y perder la virginidad con un juguete sexual. Desafortunadamente, no tenía uno y pensó que debía hacerlo bien. En la tienda erótica, tomó el consolador de plástico más grande y grueso de la estantería e intentó escapar, pero el guardia de seguridad Jack Vegas la atrapó con facilidad, llevándose a la ingenua chica para interrogarla. Ya estaba en tantos problemas que apenas podía hablar mientras el oficial la registraba. Sus manos firmes, sin duda, despertaron sensaciones que ella nunca había sentido antes. El registro evolucionó a una inspección exhaustiva de cavidades, una medida de seguridad que le resultó más como una primera vez para Hazel. Sintiéndose igualmente asustada y excitada por la situación, escuchó con avidez las instrucciones de Jack mientras él explicaba que tendría que presentar cargos a menos que ella hiciera algo por él. El oficial siempre había deseado que alguien le chupara el pene mientras estaba esposado, algo nuevo para Hazel. Sin otras opciones y con un poco de expectación, Hazel convierte la fantasía de Jack en realidad, sabiendo que esto será solo la primera parte de su travieso acuerdo.